La Carrasca

Lugar emblemático de Sierra Espuña situado entre El Morrón de Espuña y la cumbre de Pedro López,  nace una fuente que ha estado siempre activa y que abasteció por medio del acueducto de la carrasca a las poblaciones de Aledo y Totana, esta ultima llegaba hasta la fuente de Juan de Uzeta, pasando por el Arco de las Ollerías. Ahora están surgiendo en esta zona bastantes carrascas, debido a que quedaron raíces de las antiguas carrascas que talaron y dejaron a la Sierra sin apenas arboles. Pero gracias a la repoblación de los pinos, crean una humedad necesaria para su reproducción en condiciones más optimas.

  EL ACUEDUCTO DE LA CARRASCA

Entre finales de 1750 e inicios de 1753, se construyó un acueducto de 17 km de longitud aproximada que salvaba 876 metros de desnivel, con veintitrés arcos y arquillos salpicando un relieve muy accidentado. La obra fue dirigida por Silvestre Martínez Teruel, secundado por los alarifes Pedro de Mora Cánovas y Javier Molino, y en ella participaron, además de los citados, otros maestros de diversos oficios: dos caleros, dos tejeros, cuatro canteros, tres alfareros, un escultor y un herrero, así como buen número de peones, carreteros y animales de transporte. De aquella ambiciosa empresa, en la que se invirtieron 142.000 reales, como mínimo, han llegado hasta nosotros dos edificios que dan personalidad a Totana, tales como la fuente de la plaza y el arco grande de la rambla, y por campos y montes aún pueden reconocerse tramos del caño y algunos arcos dispersos, menguados restos del que fue un magnífico sendero del agua, casi imperceptible en nuestros días.

El proyecto

En el siglo XVIII, el casco urbano de Totana estaba dividido en dos grandes barrios separados por la rambla de La Santa: el de Sevilla, en la margen derecha, y el de Triana, en la izquierda. El primero contaba con la fuente de la Tejera del Prado ya desde la segunda mitad del XVI, aunque se hallaba algo alejada de la población. En el de Triana existía la llamada fuente de los Frailes desde la segunda década del XVII, el punto de abastecimiento público más importante de la villa por entonces, que compartían los vecinos y el convento de religiosos franciscanos. La primera tentativa concejil por ubicar una fuente en la plaza, sita en el barrio de Sevilla, se debe, precisamente, al momento de la llegada del agua de la fuente de los Frailes. Pero éste y sucesivos tanteos fracasaron por la oposición de los religiosos (CÁNOVAS et al., 1996, 30), el último en 1722. Sin embargo, el empeño municipal en dotar al barrio de Sevilla de un punto de abastecimiento ya no tendría vuelta atrás desde 1747, justifi cándose por el aumento de la población, por la escasez y mala calidad del agua de la fuente de los Frailes, y por lo incómodo que resultaba surtirse de ella. En dicho año fue nombrada una comisión con el fi n de reconocer las fuentes naturales del término, evaluar su idoneidad para el consumo y comprobar si era posible conducir sus aguas a la villa. Tras el examen de los informes, el pleno decidió que el agua de La Carrasca cumplía estos requisitos y propuso estudios previos encaminados a llevar a cabo la canalización (MUNUERA, 2000, 610). Aunque hubo algunas voces discrepantes en este sentido, quizá propietarios del agua interesados en no perder su aprovechamiento, el ayuntamiento pidió autorización para ejecutar la obra al Real Consejo de Órdenes, permiso que fue concedido en 1748 (IBIDEM, 2000, 612). El proyecto del acueducto de La Carrasca no se aprobó defi nitivamente hasta septiembre de 1750. Durante la sesión de debates, el regidor Bartolomé de Aledo argumentó en contra de aquél dados los excesivos gastos que ocasionaría la conducción del agua y lo costosísimo de su manutención; también mencionó que el importante caudal del momento se debía a la crecida nevada de este año, y que la cañería sería un obstáculo porque en ella tropezarán continuamente así los vecinos de esta villa y la de Aledo con sus tráficos y averíos. Sostuvo, por último, que reformando la fuente y caño actual hay agua sobradísima y demás existencia por la corta distancia que hay de esta villa a su nacimiento. Ninguna de estas objeciones y sugerencias se tuvo en cuenta, dándose vía libre a la ejecución de la obra: Y visto, oído y entendido por su merced, mandó que, no obstante la singular oposición antecedente, se ponga en ejecución dicha real orden que se hizo notoria en el año mismo que se expidió en su Ayuntamiento de que consta de acuerdo, y se notifico que nuevamente a Bartolomé de Aledo no se oponga en manera alguna a lo mandado por el citado Real Consejo, acordado por esta villa y mandado por su merced bajo la pena de quinientos ducados, aplicados para la conducción y obra de dicha fuente de la Carrasca.

La financiación

Los caudales destinados a la construcción del acueducto se obtuvieron del sobrante de los Propios, de impuestos municipales (que gravaban sosa, barrilla y seda), y de donativos particulares: lo que voluntariamente contribuían los vecinos y daban los arbitrios que se concedían para la fábrica del caño, para conducir el agua de la fuente que llaman de la carrasca a esta villa para el abasto de este pueblo por carecer de ella, y que no siendo suficiente, se aplicase para dicho fin el sobrante de los propios de esta villa. Sobre los impuestos municipales, el ayuntamiento solicitó y consiguió del Real Consejo de Órdenes (carta fechada el 18-5-1748)11 facultad para usar de arbitrios para con su producto facilitar la obra y conducción del agua de la fuente de la carrasca a esta villa para su abasto. Poco después, en el cabildo celebrado el 8-6-1748, se impusieron y cargaron sobre los especies de sosa, barrilla y seda que se extrajera de esta villa, que fueron los propuestos a dicho Real Consejo, y regularon: por cada quintal de sosa y barrilla un real de vellón, por cada libra de seda fina un real, y medio en cada libra de seda redonda, y que se pagaran por las personas que extrajeran dichas especies. En julio de 1750 se hizo relación de lo producido de dichos arbitrios en el tiempo de dos años, que cumplieron en veinte y tres de junio del presente, sumando en total 16.163 reales con 9 maravedís. 

OBRA DEL ACUEDUCTO DE LA CARRASCA: PARTICIPANTES

Director de la obra Silvestre Martínez Teruel Diseña el trazado del acueducto y sus elementos más importantes: arco grande de la rambla, fuente de la plaza, cañería bajo las calles de Totana y Balsa Nueva. Dirige la obra desde el nacimiento en La Carrasca hasta la Balsa Nueva, incluido el levantamiento del arco grande de la rambla y el montaje de la fuente de la plaza. Alarifes Pedro de Mora Cánovas Participa en la construcción del acueducto desde el nacimiento en La Carrasca hasta la Balsa Nueva. Interviene en la obra del arco grande de la rambla; colabora en las de la Balsa Nueva, pilar y fuentecilla de ésta. Javier Molino Participa en la construcción del acueducto desde el nacimiento en La Carrasca hasta la Balsa Nueva. Interviene en la colocación de la fuente de la plaza; colabora en las obras de la Balsa Nueva, pilar y fuentecilla de ésta. Caleros Miguel Ruiz José Ruiz Fabrican cal para construir la cañería. Tejeros  Melchor Martínez Rosa José Ruiz Elaboran tejas y ladrillos para el caño y arco grande de la rambla. Cantero  Diego López Tello Labra los sillares de la base del arco grande de la rambla, el pilar de la Balsa Nueva y la pieza para tapar el ojo de la misma. Alfareros  Francisco Navarro Pedro Martínez Ballester Realizan tubos de cerámica para la cañería desde el arco grande de la rambla hasta la fuente de la plaza. José Simón Martínez Modela tinajas grandes que hacen de pilones para recibir el agua en la cañería (arco grande de la rambla y fuente de la plaza). Canteros (fuente) Juan Moreno Pedro Litrán Labran las piezas de jaspe de la fuente de la plaza. Escultor (fuente) Juan de Uzeta Esculpe la coronación y remate de mármol de la fuente de la plaza. Cantero (fuente) José López Efectúa obra de cantería para la fuente de la plaza y columnas de piedra que la rodean. Herrero (fuente) José Bernal Funde la cadena de hierro que rodea la fuente de la plaza. Alarife (fuente) Alonso de Costa Coloca el empedrado alrededor de la fuente.

hay que descontar 22 reales pagados a Andrés de Cánovas Alaxarin, encargado de los libros de cuentas)15. Acerca del importe definitivo de la obra del acueducto, ninguno de los autores consultados se pone de acuerdo, cada uno estima una cantidad distinta. P. M. Ortega (1994, 91), nos trasmite que escuchó de boca del artífice de la cañería que el coste total, teniendo en cuenta «puentes, arcos, fuente y balsa», había sido de 174.000 reales, cien arriba o abajo. En el Diario de la familia Parra Cánovas (CÁNOVAS, 2002, 276), se recoge una cifra resultante de 151.263 reales. Para P. Martínez (BÁGUENA, 1980, 193), la empresa sumó 183.110 reales y 15 maravedís. Por su parte, J. Mª. Munuera (2000, 615), ciñéndose a las cuentas de Propios, concluyó que la obra hubo de ascender a 167.766 reales. Ante este baile de números, manifestamos que en la obra del acueducto de La Carrasca, teniendo en cuenta los datos de archivo que hemos podido manejar, únicamente está probado un gasto que gira en torno a 142.000 reales: alrededor de 16.000 obtenidos hasta junio de 1750 con el impuesto que gravaba sosa, barrilla y seda, a los que hay que añadir otros 126.000 contabilizados en los libramientos de los Propios entre julio de 1751 y mayo de 1755.

Desarrollo de las obras

Como hemos adelantado, antes de que la corporación municipal diese el visto bueno definitivo al proyecto, ya se habían hecho estudios previos sobre la viabilidad y posible trazado de la canalización. Así, en 1747, Silvestre Martínez Teruel recibe de los Propios de la villa ochenta y seis reales por tres días que se ocupó y tres hombres que asistieron al reconocimiento y nivelación de el agua de la fuente de la Carrasca que está determinado traer a esta villa para su abasto. Tres años después, en una sesión del ayuntamiento se recordaba que en virtud de la orden de su majestad y señores del Real Consejo de Órdenes, se había examinado, con toda diligencia, el agua de la fuente que llaman de la Carrasca, no sólo por un caballero capitular y siete hombres que la alumbraron, si también por los mismos sujetos prácticos e inteligentes que la registraron y reconocieron la primera vez, de que se halla noticioso el Consejo. Y sin embargo de a verse examinado y reconocido dicha fuente en el tiempo más seco y caluroso del año han hallado, por demostración y experimento físico que ejecutaron y después regularon y marcaron, siete caños de agua que componen ocho de los de la fuente de que se usa y abastece para beber este pueblo que, junta dicha porción y caudal de agua con la que llaman de la Casilla, que sin costo va a parar al sitio por donde debe pasar el caño o arcaduz que debe venir desde dicha fuente de la Carrasca, aseguran y declaran compondrá todo su caudal, aún en dicho tiempo seco y rigoroso como el que a habido de calores, de once a doce caños de la misma cabida. Por lo que desde luego su merced, cumpliendo con las órdenes del Consejo expedidas sobre este asunto, requiere, y en caso necesario manda, que el ayuntamiento obedezca y cumpla con lo que en ella se previene y manda, no embarazando en manera alguna el que se saque al pregón la construcción de tan importante, necesaria y útil obra, según se previene en dicha orden. A tenor de lo expuesto, las obras del acueducto pudieron iniciarse en las postrimerías de 1750, «el mismo mes de septiembre», escribe Munuera (2000, 613). Mientras que el Diario de la familia Parra Cánovas confirma la centuria, «en el año de 1750 se dio principio a la insigne obra del caño y fuente de la Carrasca» (CÁNOVAS, 2002, 276), P. Martínez dice al respecto (BÁGUENA, 1980, 190): «celebrada la contrata del caño en 1º de Marzo de 1751, principió el trabajo, y en el mismo año, quedaron concluidas las 19.866 varas que resultaron desde el nacimiento del agua hasta la rambla del pueblo (de donde había de arrancar el arco grande)». En junio de 1751 ya se había construido la mayor parte de la canalización: dicha cañería se halla ya con el agua inmediato a esta villa. Las cuentas de Propios dejan entrever que los trabajos finalizaron en febrero de 1753, mes en el que comenzó a caer el agua en la Balsa Nueva: aguas vendidas al pregón del residuo de la fuente de la Carrasca que se ha traído a esta villa para su abasto desde que se finalizó y cayó en la Balsa nueva que para este fin se ha hecho, y es desde el día cinco del mes de febrero asta el veinte y cuatro de junio de este presente año. Según las mismas cuentas, la fuente de la plaza debió instalarse a lo largo de febrero o principios de marzo. Si en el libramiento a Juan de Uzeta, con fecha 3 de febrero, se especifica que aún no se había colocado, el 12 de marzo se paga a Javier Molino por la obra de la fuente principal de la plaza. En opinión de P. Martínez (BÁGUENA, 1980, 192), «el 24 de marzo de 1753 quedó concluida toda la principal obra y el 25 de mismo mes, con extraordinario alborozo de toda la población, se vio caer el agua por todos los caños de la fuente». Para otros investigadores, el programa constructivo del acueducto «finalizó el 13 de octubre de 1753, día en que se pone en funcionamiento la fuente» (CÁNOVAS et al., 2000, 31). En suma, el día 5 de febrero de 1753 el sistema hidráulico de La Carrasca ya estaba en marcha; el agua caía en la Balsa Nueva y un mes después lo hacía por los caños de la fuente.

Sin duda, la fuente de la plaza es el símbolo de la canalización del agua de La Carrasca. Fue diseñada por Silvestre Martínez Teruel y adjudicada a Juan Moreno y Pedro Litrán, maestros canteros de Caravaca, en los primeros días de enero de 1752 por 7.500 reales. El mismo Silvestre, acompañado por Pedro de Mora Cánovas, pasó dos días en aquella villa para tratar con los maestros lapidarios. Las diversas piezas de jaspe de su estructura se elaboraron en Caravaca porteándose a Totana en carruajes a partir de finales de octubre o inicios de noviembre de 1752. Juan de Uzeta esculpió el remate de la fuente en mármol blanco de Macael y tuvo la obra acabada en enero de 1753. Al escultor se le gratificó con 120 reales por el quebranto que ha tenido en la fábrica de la columna y escudo de armas de mármol que está puesto en la basa de la fuente por el bajo precio en que se ajustó. El montaje definitivo se realizó durante febrero de 1753 bajo la supervisión de Silvestre Martínez y Javier Molino. Hacemos un inciso para transcribir las condiciones impuestas por el ayuntamiento para elaborar la fuente a través del concurso de Juan Moreno y Pedro Litrán:

Juan Moreno y Pedro Litrán, vecinos y maestros canteros de la villa de Caravaca, ante Vm. como más aya lugar en derecho decimos: Es venido a nuestra noticia se pretende edificar en la plaza pública de esta villa que se ha de componer de piedra de cantería de jaspe negro, y encarnado, de las canterías de la dicha villa de Caravaca, con arreglo a la planta que se nos ha manifestado, que se explicaría en las condiciones siguientes: 1ª. Primera condición, que la primera vasa o grada de dicha fuente ha de ser de piedra franca del cabezo que dicen del Charco de esta jurisdicción, y ha de tener veinte y cuatro palmos de diámetro, sacadas y labradas a nuestra costa, y su porte y conducción de cuenta de la villa. 2ª. Que la grada primera sobre la antecedente la hemos de fabricar de jaspe negro con manchas pajizas. 3ª. Que la media caña y pecho de paloma que sigue a la antecedente ha de tener dos palmos de altura, ha de ser de jaspe encarnado. 4ª. Que el arca del agua, de dicho jaspe negro ha de ser su fábrica y ha de tener dos palmos de altura con diez y ocho mascarones para los caños que ha de tener dicha fuente. 5ª. La tapa de dicha arca la hemos de fabricar de jaspe encarnado de tres palmos y medio de alto divididos en dos hiladas, cada una de seis brazos, la una de un palmo, la otra de dos y medio de altura. 6ª. Una columna con su vasa, capitel y cuerpo de jaspe encarnado, de seis palmos de alto con el grueso correspondiente. 7ª. Una taza de jaspe encarnado de ocho palmos de diámetro, seis avos y dos palmos de altura, estriada por la parte inferior. 8ª. Que todas las piezas de que se ha de componer dicha fuente ha de ser de cuenta de la villa, sus portes, las del cabezo del Charco en bruto, y las de la cantera de dicha Caravaca trabajadas de suerte que sólo han de quedar que hacer en ellas las conducciones de los caños, y las interiores para la edificación de dicha fuente; y asimismo ha de ser de cuenta de la villa todos los materiales, andamios, espuertas y peones que se ofrezcan para la formación de dicha fuente, y sólo ha de ser de la obligación de los postulantes el asistir personalmente sin salaria alguno. Y desde luego, atendiendo a el mayor beneficio de esta villa y sus vecinos haremos postura en dicha fuente con las condiciones expresadas en siete mil y quinientos reales de vellón que se nos han de pagar y satisfacer en esta forma: tres mil reales para dar principio a el corte y saca de las piedras jaspe; los dos mil y quinientos medida que esté dicha obra, y los dos mil reales restantes luego cuando que esté terminada y dada por buena; en cuidada conformidad hacemos la referida postura con condición de dar finalizada dicha obra por lo que a nosotros toca y con la de afianzar luego que nos sea rematada a satisfacción de Vms. por todo el mes de agosto del año próximo que viene, de mil setecientos cincuenta y dos. A Vms. pedimos y suplicamos se nos admita dicha postura que en ello recibiremos merced. Con justicia que pedimos Va. y juramos.

En los días iniciales de julio de 1753 se hizo la entrega de la obra: Reconociendo la villa ser necesario nombrar peritos que vean, juntos con otros que nombre Pedro de Mora Cánovas, la obra de la fuente y cañería que se a hecho en esta villa, y no teniendo presente los maestros y sus circunstancias, acordó nombrar dos comisarios (lo que ejecuto por votos) y quedaron nombrados los señores Gonzalo de Cánovas Mora y Alonso de Cánobas Martínez (por el mayor número) para que estos nombren por la villa dos maestros inteligentes y desinteresados que asistan a este reconocimiento trayéndoles de donde se necesite. Tras la inspección del acueducto, Alonso de Cánovas emitió el correspondiente informe y manifestó que sería conveniente cubrir el caño. Según sus palabras, el canal estaba a toda satisfacción a excepción de algún corto defecto que constaba en la declaración, además expuso que según está era necesario cubrir todo el caño porque estaba expuesto a muchas pérdidas y gastos y perjuicios a la salud pública con la fácil introducción de animales nocivos, cuya diligencia había tenido de coste la manutención de los dos peritos cuatro días, llevarlos y traerlos, y un doblón cada uno de salario en cada un día (...) Y dio las gracias, y que en atención al sumo trabajo que han tenido los señores comisarios por lo tardísimo de la citación se les dé a cada uno cuatro ducados que se entren en el libramiento que se haga de estos gastos. Finalizando agosto, el concejo adjudicó el cubrimiento del acueducto a Pedro de Mora Cánovas y Javier Molino: En este ayuntamiento se a echo saber y leído a la letra la Postura echa por Pedro de Mora Cánovas y Javier Molino, vecinos de esta villa, a la obra de la cubierta del caño de la fuente de la carrasca desde su nacimiento hasta el descanso que hay a la entrada de las viñas de Mortí, en precio de catorce mil reales (en las cuentas de Propios sólo figuran librados doce mil).

Mantenimiento 

Requisito indispensable para que el sistema funcionase era procurar su buen mantenimiento. Cañero y balsero, designados por el concejo, se encargaban de ello. La primera persona dedicada al cuidado del caño fue Andrés Martínez, quien ocupó el puesto a lo largo de 1753 con un sueldo de 100 ducados. Para el año siguiente se nombró a Pascual de Cánovas: Habiéndose conferido sobre salario de la persona nombrada para cuidar del caño del agua de la fuente de la Carrasca, se acordó que a Pasqual de Cánovas se le den cien ducados por año que corresponden a tres reales por día, de los Propios, con las obligaciones de cuidar de dicho caño y fuente diariamente sin falta alguna, y al mismo respeto, se le paguen a Andrés Martínez, a cuyo cuidado estuvo dicho caño. En cuanto al balsero de la Balsa Nueva, el primero en ocupar el cargo durante 1753 fue José Martínez Gallego, quien cobró treinta ducados: Nombraron por fin el balsero de la Balsa Nueva de la fuente de La Carrasca por dicho tiempo de un año a Joseph Martínez Gallego, y se le den treinta ducados de salario por su ocupación de trabajo con la obligación regular ducados de salario por su ocupación de trabajo con la obligación regular ducados de salario por su ocupación de trabajo con la obligación regular . Reelegido balsero un año más, el mismo mes de su nombramiento se le aumentó el sueldo a cuarenta ducados al hacer saber al concejo que el salario de treinta ducados que se le ha señalado es corto y no se puede mantener, y por la villa se mandó se le den hasta cuarenta ducados y se libren de los Propios.

La ruta del agua de La Carrasca

Ya hemos señalado que el acueducto de La Carrasca llevaba el agua nacida en el corazón de Sierra Espuña al corazón de Totana. El caño recorría alrededor de 17 km superando 876 m de desnivel (1.130 m de altura en la mina, 254 m en la fuente de la plaza)37. Tanto las notas del Diario de la familia Parra Cánovas (CÁNOVAS, 2002: 276) como Pascual Martínez (BÁGUENA, 1980, 190) y J. Mª. Munuera (2000: 615), coinciden en señalar que desde el nacimiento hasta el arco grande de la rambla la cañería alcanzaba 19.856 varas de longitud (16.607 m). A éstas hay que añadir otras 907 varas (758 m), según P. Martínez (BÁGUENA, 1980: 191-92), del trecho de canalización que circula por las calles de Totana: 306 varas (255 m) desde el arco hasta la calle Mayor Sevilla; 241 varas (201 m) hasta la fuente de la plaza y 360 varas (300 m) «desde la fuente hasta la salida del pueblo por el camino que va a Lorca». Al final del trayecto, el agua sobrante de la fuente pasaba por otra «pequeña fuente de 4 caños, con pilón para abrevadero, de 10 varas de largo» (IBIDEM, 1980, 192) y al cabo terminaba almacenada en la Balsa Nueva, «de 30 varas de longitud, 20 de latitud y 10 de profundidad, de la cabida de 18.000 cántaros de agua» (IBIDEM, 1980, 192). Gracias a los restos de fábrica del acueducto que aún se conservan en pie y a las indicaciones de vecinos de Totana y Aledo, es posible establecer con bastante fidelidad la ruta seguida por el agua de La Carrasca:

Casa forestal de La Carrasca (mina), 1130 m.s.n.m. Camino forestal de La Carrasca. Collado del Pilón, 1050 m.s.n.m. «Caño tieso». Barranco de Ballesteros (margen izquierda a la altura de los pinos donceles), 850 ms.n.m. Finca de La Casilla. «El Melonar», 820 m.s.n.m. Casa de Los Molejones, 700 m.s.n.m. Antigua senda de La Casilla (hoy mal llamada camino de Los Molejones). Partidor del agua Totana-Aledo (Arco de Totana), 645 m.s.n.m. Carretera de la Piedra del Viento (por la orilla norte). Casa de las Monjas, La Santa (por delante de la parcela). Estrecho de La Santa, 530 m.s.n.m. Rambla de La Santa (margen derecha). Balsas de Las Alquerías y de La Casilla, 415 m.s.n.m. Venta de Los Pinos (espalda de la venta; margen izquierda rambla de La Santa). Venta de la Rata (por la orilla oeste de la carretera), 350 m.s.n.m. Camino de La Torreta. Huerto Cucarella, 300 m.s.n.m. Huerto de La Carrasca. Huerto Gray (espalda). Arco grande de la rambla (Arco de las Ollerías). Calle del Arco. Carrerón de Funes. Calle Mayor Sevilla. Fuente de la plaza, 254 m.s.n.m. Calle Sol. Balsa Nueva, Avenida de Lorca (espalda de la Cárcel Vieja).

Una vez examinado sobre el terreno el itinerario completo del acueducto, vamos a hacer algunas observaciones acerca de las características de su trazado, fábrica y estado de conservación actual. La canalización se dispuso intentando mantener una caída constante, ligera, sin brusquedades, que favoreciese el descenso del agua por gravedad. Aún así, lo escabroso del terreno en algunos puntos obligó a acomodar el canal a desniveles abruptos (parte más elevada del tramo del «Caño tieso», inmediata al sur del collado del Pilón, por ejemplo), o a recortar la roca (Estrecho de La Santa). En origen, el agua corría al aire libre por todo el canal hasta la calle Mayor Sevilla de Totana. A partir de aquí, el conducto iba soterrado. Con posterioridad, el acueducto se cubrió completamente. Las hondonadas más importantes y los cursos de agua se salvaron mediante murallones y arcos de mayor o menor envergadura, veintitrés arcos reza la inscripción de la fuente de la plaza (MUNUERA, 2000: 614). Entre éstos destacaba por su monumentalidad el arco grande de la rambla (Totana). En la misma inscripción de la fuente de la plaza se dice que consta «de 105 palmos de diámetro y de 32 y ½ de elevación o luz clara».

  1 palmo castellano = 0’209 m.

 Una descripción más detallada del arco nos la ofrece P. Martínez: «Este arco de medio punto, tiene 105 palmos de diámetro, 521 de luz, con la cañería intermedia en la parte superior; en cada lado se halla un estribo de sillería con una muralla de piedra y cal que corre de una parte a otra de la rambla, con extensión de 90 varas... El grueso del arco es de 6 palmos, 10 de longitud del rastrillo, 24 de grueso, cada uno de los estribos, inclusos los 8 del murallón; el cimiento de éste, 10 palmos de grueso hasta salir de la tierra, 8 hasta la altura de 20 palmos, y 6 hasta su remate» (BÁGUENA, 1980, 191). El caño, en la mayor parte del recorrido, era de escaso alzado. Tenía asiento y paredes de mampostería y mortero de cal por cuyo interior se deslizaba el agua sobre una base de tejas. De nuevo, P. Martínez precisa que «la teja del caño es de una cuarta de ancho y algo más de media vara de largo; los bordes sobre la teja, de media tercia de altura y un palmo de grueso, y además cuatro dedos de cal y ripios; las junturas de las tejas están zocaladas, y de 1.000 en 1.000 varas se hallan des- cansos o arcas para el aposo del agua» (BÁGUENA, 1980, 190). Como curiosidad apuntamos la existencia de un corto tramo de conducción en el que el agua discurría sobre la propia roca, canalizada únicamente entre paredes de obra debido a la fuerte pendiente del terreno (tajo rocoso inmediato al sur del collado del Pilón). Aparte de mortero de cal, piedras y tejas, en la fábrica del acueducto se utilizaron otros materiales de construcción: ladrillos, en los arcos (rosca), y estructura de los murallones más importantes, también en la bóveda del canal entre la fuente de la plaza y la Balsa Nueva, «100 bóvedas de 12 a 13 y ½ palmos» (IBIDEM, 1980, 192); sillares de piedra (cimientos del arco grande de la rambla); tubos de cerámica (arcaduces o atanores) vidriados en su interior, para la cañería bajo la calle Mayor Sevilla hasta la fuente de la plaza: «está formada por dos órdenes de arcaduces grandes y chicos, canalados, y cubiertos con obra de hormigón derretido, abrigado por arcilla» (IBIDEM, 1980, 191); y, por último, tinajas, a modo de arcas para frenar la corriente del agua, en el tramo entre el arco grande de la rambla y la fuente de la plaza. Desde que dejó de ser útil hace algunas décadas, la suerte del acueducto de La Carrasca estuvo echada. Esta infraestructura hidráulica, de la que Totana sacó provecho durante varios siglos, está siendo poco a poco desmantelada por los hombres. Hoy, el estado de conservación del edificio, en general, es deplorable. Muchos tramos se han perdido definitivamente, debido a la apertura o ensanche de caminos y carreteras, y en buena parte de la obra original aún en pie son apreciables los efectos destructivos causados por los entubamientos del caño, el primero, en los años cuarenta de la centuria pasada. Y a pesar de todo, las aguas continúan fluyendo por otros derroteros.

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