Repoblación

       El espacio geográfico de la Comunidad de Murcia, durante siglos, fue la base del desenvolvimiento de la actividad agropecuaria. Los montes se talaban para usar su suelo como soporte necesario y obligado del cultivo, muchas veces pese a su escaso valor agronómico. La extracción de leñas, ramas o carbones, etc., eran necesarias para las cocinas, la calefacción o las industrias. El pastoreo era, con frecuencia, precedido de la acción del fuego. La regulación de las actividades agrarias que afectan a la vida económica encuentra su cauce de expresión en la formación de códigos municipales que recogen las prácticas y costumbres locales. Estas disposiciones, como las ordenanzas relativas a Lorca, muestran cómo se protege a la agricultura en el perímetro de la huerta, pero el ganado pasta en los rastrojos y tiene su dominio consagrado en el monte (Lemeunier, 1983). Cuando el pastoreo fue excesivo y mayor que la capacidad de recuperación del bosque, plantas y suelos iniciaron una lenta degradación. La intervención sobre los bosques dio paso a la generalización de amplias superficies degradadas. A finales del siglo XIX, en el ya lejano 1870, el forestal Máximo Laguna recorrió las tierras murcianas con objeto de efectuar observaciones y acu- mular materiales que permitieran la redacción de la Flora Forestal Española (Laguna, 1870). A él debemos la siguiente descripción:

  Desde el Coto [de Santa Eulalia] subimos al ‘Barranco de Enmedio’, poblado también de pino carrasco, regular en algunos trozos, malo en general; al pie del Morrón, en la cuerda, se ven varios pinos descortezados, por aprovecharse su corteza para los curtidos; aquí también se encuentran: matas de chaparra (Q. coccifera) y de matacanes (Q. ilex), Juniperus oxycedrus, Cistus albidus y romero. El suelo se compone de calizas y areniscas rojizas. Juma llaman aquí a las hojas secas y caídas de los pinos. Los tres pinares: del ‘Coto de Santa Eulalia’, del ‘Barranco de Enmedio’ y del ‘Barranco de Malvariche’ (que se halla en la vertiente opuesta), que juntos sumarán apenas unas mil hectáreas, son hoy ya los únicos montes de la ‘Sierra de Espuña’.

     Hacia 1889 Ricardo Codorníu realiza una visita a la Sierra de Espuña. La desolación que le producen los paisajes descarnados y desérticos que contempla desde el Morrón de Espuña le animan a emprender la ambiciosa empresa de repoblarla en su totalidad, acción en la que no cejó durante toda su vida, convirtiéndose ésta en la actuación medioambiental más relevante de este ecologista avant la lettre.

     La empresa de reforestación había partido en 1888 de la mano de la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura, pero los estudios orográficos y climáticos llevados a cabo por Codorníu y su labor repobladora lo convierten en el personaje al que debemos el aspecto actual de este paraje natural.

     Otra de las acciones importantes de Codorníu, iniciada a finales del siglo XIX,  fue la repoblación forestal de Guardamar y la detención del imparable avance de las dunas, iniciándose aquella en 1896 bajo la dirección del ingeniero de Montes D. Francisco Mira y Botella para ser culminada por nuestro personaje.

     Ricardo Codorníu también dedicó su vida a la difusión y enseñanza del medio forestal, a partir de conferencias y publicaciones que insistían en la importancia de la reforestación de los paisajes de España. En estas acciones se pone de manifiesto la faceta pedagógica de Codorníu, concienciando a la sociedad de la importancia de los árboles, el monte y las aves, elementos que para él, constituyen un conjunto armónico que favorece la vida y el espíritu humano.

     En esta misma línea, editó en 1915 una guía sobre el Parque de Ruiz Hidalgo en Murcia, con motivo de unos paseos botánicos organizados por él para instruir sobre las diferentes especies arbóreas, al tiempo que funda la revista España Forestal y colabora con la Revista de Montes.

     Toda esta intensa labor a favor de la Naturaleza será reconocida con valiosas condecoraciones como la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Cruz del Mérito Agrícola, la Encomienda de Alfonso XII, etc...

    Falleció el 26 de septiembre de 1923 en Murcia a los 77 años de edad.

    La técnica empleada por Codorniu era la construcción de grandes diques en las ramblas de sierra espuña formadas por grandes piedras perfectamente talladas, servían para poder contener las aguas y poder así contenerlas poco a poco a lo largo de las ramblas evitando los desastres devastadores de las riadas. Para poder hacer dichos diques se realizaron también una serie de caminos empedrados y nivelados que todavía se conservan. La repoblación de pinos se hacía con terrazas siguiendo los diferentes niveles de los barrancos.

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Trabajos Hidrológico-Forestales de Ricardo Codorniu

  El hombre, talando montes, altera las leyes de equilibrio fijadas a la naturaleza y como consecuencia, sufre males sin cuento a que debe poner remedio; pues de agravan las sequías, se desnudan las ...
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